Mamá

Taller de redacción II: Transcripción de un dialogo.


El despertador sonó con gran fuerza retumbando directamente hacia mis oídos, abrí los ojos y solo podía ver un pequeño rayo de luz que se escapaba entre la ventana y la cortina que la tapaba. Me incline y observe mi habitación a oscuras, solo podían distinguirse breves siluetas que se completaban con la información de mi cerebro, como la gran cantidad de ropa sobre la silla de la computadora o el par de zapatos regados por el piso. Las cortinas tapaban cada pizca de claridad, solo un breve rayo se escapaba pero no era lo suficientemente fuerte como para iluminar o distinguir todo el lugar.

Me levanté de la cama, me puse las sandalias, abrí la puerta de la habitación y fui directo a la cocina a prepararme el desayuno antes de ir a la universidad. Una vez allí veo todo en su lugar, el mesón de granito verde que cubre todo, la nevera de color blanco que hace ruido por haber sido maltratada por el tiempo mismo a través de los años, la cocina de color negro inclinada hacia adelante con el fin de que pueda llegarle el gas de la calle y algunos paños (un poco deteriorados) sobre la puerta para limpiar el sucio después de cocinar. Caminé hacia la nevera y allí forcejee la puerta para abrirla, cuando finalmente se abrió, dentro de ella solo habían botellas de agua y del lado de la puerta solo había una salsa tártara preparada, que gracias a su aspecto se podía deducir la cantidad de días que tenía allí.

Se escucha el cerrar de una puerta y al instante unos pasos interrumpen el sonido constante del motor de la nevera, me volteo sorprendido al escuchar dichos sonidos, una mujer de contextura delgada, con un tez de piel color canela, cabello liso, ojos profundos y redondos se acercó a la cocina. Estuve sorprendido un par de segundos hasta que logre distinguirla bien, era mi madre qué con una sonrisa en su rostro me dijo — Buenos días—. Mientras  rozaba sus ojos.

Ella se acerco hacia mí como una persona normal, pero en mi mente se movía lentamente y yo solo podía quedarme paralizado al verla venir hacia donde estaba yo. Me abrazó y entre sus brazos solo podía sentir la calidez de su cuerpo cubriéndome por completo. Me miró directamente a los ojos y dijo —: Deberías dormir un poco, yo hago el desayuno —. Dándome una sonrisa para tratar de quitar mi rostro de sorpresa.

—No, enséñame mejor —Dije con un nudo en la garganta.
—Está bien —Añadió mientras me juzgaba con su mirada y tomaba un par de huevos de los gabinetes sobre el mesón—. Pero José solo te voy a hacer desayuno tampoco es que sea langosta.
—No importa —Dije mientras sacaba una de las sillas que estaban debajo del mesón—. ¡Quiero aprender como cocinar!
—Ojalá fuera así todos los días —Añadió con ironía.

Me senté en la silla y observe pacientemente como cocinaba un par de huevos revueltos, mientras amasaba la masa para hacer arepas y hacia un jugo de guayaba. La veía cocinar, aprendía cada truco, cada ingrediente y eso era un lujo que sabía que podía darme, aunque no entendiera muy bien como tener tan buena sazón. Pasaron los minutos y finalmente me sirvió mi plato, las arepas habían quedado redondas sin ninguna imperfección, los huevos con un toque picante y llenos de verduras, el jugo era dulce pero no empalagoso, colocó un café con leche para acompañarlo y era un festín porque tenía tanta espuma que podías saborearla y dejarte un bigote sin complicaciones.

Termine de comer, me levante y coloque mi plato en el lavaplatos en donde lo lavé con tanto jabón que pareciera como si me estuviera bañando a mí mismo.  Al terminar, volteo hacia ella y solo me mira y añade —Es momento de que te vayas a clases —. Le devolví la mirada, con algo de preocupación, mientras mis ojos brillaban como dos cristales.

—No, no, no… me quiero quedar aquí contigo — Decía mientras mi voz se quebraba poco a poco.
—Ya sabéis con cuidadito —Dijo de manera serena.
—Gracias por todo… incluso si fue poco tiempo —Añadí mientras le devolvía una sonrisa de gratitud.
—Siempre me vas a encontrar aquí —Concluyó, lanzándome una sonrisa.

El despertador sonó con gran fuerza retumbando directamente hacia mis oídos, abrí los ojos y me di cuenta de que todo había sido un sueño, ahora si había despertado realmente, había regresado a la realidad que vivía día tras día. Me incline hacia adelante y vi mi habitación que se encontraba de la misma manera, solo se podía ver un pequeño rayo de luz que se escapaba entre la ventana y la cortina que la tapaba, tomé mi teléfono celular y al ver la hora sabia que debía levantarme a hacer el desayuno e irme a la universidad.

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